Esta entrada de blog examina los antecedentes y la lógica legal de los juicios con animales realizados en la Europa medieval. Explora cómo la combinación de una visión antropocéntrica de la naturaleza con la religión y la jurisprudencia posibilitó estos juicios tan peculiares.
En 1587, los habitantes de un pueblo francés demandaron a una plaga de escarabajos ante el tribunal eclesiástico local, alegando que los insectos habían causado daños tan graves que arruinaron sus viñedos. El abogado de los aldeanos citó la Biblia, argumentando que los humanos tienen derecho a dominar la naturaleza, y que esta existe únicamente para servir y obedecer a los humanos. En respuesta, el abogado designado por el tribunal para los escarabajos argumentó que Dios ordenó a todos los animales reproducirse y sobrevivir, y que los escarabajos simplemente ejercían sus derechos bajo la ley natural. Finalmente, los residentes reconocieron los derechos de los escarabajos, pero acordaron proporcionarles un hábitat alternativo, firmando una especie de contrato con ellos.
En aquella época en Europa, no era raro que los animales fueran juzgados por autoridades eclesiásticas o poderes seculares como reyes o señores. Los animales llevados ante tribunales seculares como acusados eran principalmente ganado que había matado personas; los cerdos eran los más comunes, aunque vacas, caballos y perros también eran juzgados. En cambio, los juicios eclesiásticos solían involucrar a pequeños animales o insectos acusados de dañar a los humanos. Estos juicios seguían estrictamente los procedimientos legales aplicados a los humanos. Si eran declarados culpables, los tribunales seculares los condenaban a muerte según el derecho consuetudinario, mientras que los tribunales eclesiásticos imponían maldiciones y excomunión según el derecho canónico.
La práctica de los juicios con animales comenzó con fuerza en el siglo XIII y alcanzó su apogeo en el siglo XVI. Durante este período en Europa, basándose en los logros de la jurisprudencia romana, se desarrollaron estudios jurídicos tanto en el ámbito secular como en el eclesiástico, sentando las bases del derecho moderno. Sin embargo, ¿cómo pudieron persistir prácticas que hoy parecen irracionales en medio de un cambio tan trascendental? Algunos lo atribuyen a las condiciones de vida, donde los conflictos entre humanos y animales eran frecuentes, o a la cultura popular que antropomorfizaba a los animales. Sin embargo, un punto más significativo es que el clero y las élites seculares de la época apoyaron activamente esta práctica, tanto teórica como prácticamente.
Los juicios con animales se llevaron a cabo bajo un nuevo sistema judicial después del siglo XIII, cuando se fortaleció el papel y la autoridad del poder público. El sistema judicial medieval temprano se limitaba esencialmente a incorporar formalmente los recursos de autoayuda de los individuos en el marco de un juicio. La distinción entre causas civiles y penales era ambigua, y no existía un sistema penal público. Sin embargo, bajo el nuevo sistema judicial, los tribunales determinaban los hechos de los casos y dictaban sentencias según normas procesales racionales. En consecuencia, la autoridad pública adquirió la capacidad de tramitar demandas contra animales.
Las élites que defendían los juicios con animales los justificaban citando ejemplos bíblicos como la maldición de la serpiente o la ley de Moisés, que ordenaba la lapidación de un buey que corneó a un hombre hasta la muerte. Estos precedentes sirvieron como argumentos contundentes para refutar las críticas legales a las prácticas de juicios con animales llevadas a cabo por tribunales seculares y eclesiásticos. Además, la teoría cristiana del derecho natural, que considera que todas las criaturas viven según la naturaleza divina dentro de un orden jerárquico con los humanos en la cúspide, también proporcionó un fundamento teórico. El orden legal cósmico consiste en la ley eterna entendida como providencia divina, la ley natural universal e inmutable comprendida por la razón humana, y la ley positiva promulgada por los humanos. Los humanos y la naturaleza están sujetos a la ley natural, y la ley positiva contraria a la ley natural carece de efecto legal. En este marco, debates como el caso del gorgojo se hicieron posibles, y la lógica de que los animales que violaban el orden natural de las cosas podían ser considerados criminales y castigados también se mantuvo firme. Desde la perspectiva de la élite, los juicios con animales eran procedimientos solemnes para someter a los animales a la ley eterna y a la ley natural. A través de estos juicios, buscaron aplicar sus conceptos de derecho y justicia no solo a la sociedad humana, sino a todo el mundo natural. En este sentido, los juicios con animales ejemplificaron cómo el concepto jurídico antropocéntrico surgido después del siglo XIII llegó a dominar la naturaleza. De esta manera, los juicios con animales, bajo el auspicio de la élite, interactuaron con la cultura popular, produciendo escenas que resultan extrañas a la mirada moderna.
Para comprender la importancia de los juicios con animales en aquella época, es necesario también centrarse en la función cultural que desempeñaban. Fenómenos como la muerte de un niño por mordedura de un cerdo o la puesta de un huevo de un gallo causaban profunda conmoción y ansiedad en la gente de la época. Ante tales acontecimientos, los juicios con animales construían narrativas que explicaban la situación mediante procedimientos legales que conducían a veredictos. Al castigar a los animales que se habían "desviado de su naturaleza", permitían a las personas superar la confusión y retomar la vida cotidiana. De esta manera, las personas podían confirmar repetidamente que su mundo y su orden eran seguros y legítimos.