¿Cómo la ansiedad y la indiferencia de esta época empañan las preocupaciones de los individuos?

En esta entrada del blog se examinan las razones estructurales por las que la vaga ansiedad y la indiferencia que dominan la sociedad moderna desdibujan las amenazas a los valores que enfrentan los individuos y les impiden formular sus preocupaciones.

 

¿Cuáles son los principales problemas para el público en esta época y cuáles son las principales preocupaciones de los particulares? Para formular estas cuestiones e inquietudes, debemos preguntarnos cuáles de los valores que apreciamos se ven amenazados o respaldados por las tendencias que definen esta época. Ya sea que se vean amenazados o respaldados, debemos cuestionar qué contradicciones estructurales únicas se esconden tras ellas.
Cuando las personas valoran un conjunto de valores y no se sienten amenazadas, experimentan bienestar. Por el contrario, cuando valoran los mismos valores, pero se sienten amenazados, experimentan la crisis como angustia personal o controversia pública. Si todos sus valores parecen amenazados, sienten la amenaza total del pánico.
Pero supongamos que las personas desconocen por completo sus valores más preciados, pero al mismo tiempo no sienten ninguna amenaza. Esta es la experiencia de la indiferencia. Si esta experiencia parece afectar a todos los valores de las personas, conduce a la apatía. Finalmente, consideremos una situación en la que las personas no son conscientes de ningún valor apreciado, pero perciben una amenaza significativa. Esta es la experiencia de la ansiedad y la inquietud; si es completamente total, se convierte en una ansiedad extrema e inexplicable.
La era actual sigue siendo de ansiedad e indiferencia, donde el funcionamiento de la razón y la actividad de la sensibilidad aún no se han formalizado lo suficiente. En la vida individual, en lugar de preocupaciones definidas por valores y amenazas, se experimenta con mayor frecuencia la desgracia de una ansiedad vaga; en la vida pública, en lugar de problemas claros, se acentúa una sensación confusa de que algo anda mal. No existen afirmaciones sobre qué valores están amenazados ni qué factores los amenazan; en resumen, todo permanece indeterminado. Por consiguiente, esta situación ni siquiera puede formalizarse como un problema para las ciencias sociales.
En la década de 1930, pocos cuestionaban que los problemas económicos de la época se manifestaban tanto en forma de ansiedades personales como de problemas económicos. En los debates sobre la «crisis del capitalismo», las ideas de Marx y diversas reformulaciones no aprobadas de su obra se utilizaban ampliamente como el enfoque dominante, y algunas personas llegaron a comprender sus ansiedades personales desde esta perspectiva. Era evidente qué valores estaban amenazados, todos los respetaban, y las contradicciones estructurales que los amenazaban también parecían evidentes. La gente experimentó ambos elementos de forma extensa y profunda. Aquella fue una época verdaderamente política.
Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, los valores amenazados no se reconocen ampliamente como tales, ni siquiera se percibe la sensación de amenaza. La mayoría de las ansiedades privadas pasan desapercibidas, e incluso numerosas ansiedades y decisiones públicas de enorme importancia estructural no llegan a convertirse en asuntos públicos. Para quienes aceptan valores inherentes como la razón y la libertad, la ansiedad en sí misma es la preocupación, y la indiferencia en sí misma es el problema. Y precisamente estas condiciones de ansiedad e indiferencia son las características definitorias de la década de 1950.
Debido a la prominencia de todo esto, algunos observadores interpretan que el problema en sí ha cambiado. A menudo se afirma que los problemas, o incluso las crisis, de la década de 1950 ya no residen en el ámbito externo de la economía, sino que se han trasladado a preocupaciones relacionadas con la calidad de vida personal. Pero la pregunta clave es si aún queda algo que pueda llamarse «vida personal». Los cómics, no el trabajo infantil; el ocio masivo, no la pobreza, se han convertido en preocupaciones centrales. No solo las ansiedades privadas, sino también numerosos problemas públicos importantes, se describen a través de la lente de la «psicopatología», lo que parece un lamentable intento de evadir los principales problemas y ansiedades de la sociedad moderna.
Estas afirmaciones suelen limitarse a las sociedades occidentales, en particular a la estadounidense, y, por consiguiente, se basan en una preocupación localizada y limitada que ignora a dos tercios de la población mundial. Además, esta perspectiva es problemática, ya que separa arbitrariamente la vida del individuo de las vastas instituciones en las que realmente se desarrolla y que la influyen profundamente.
Por lo tanto, la tarea política e intelectual más crucial para los científicos sociales es identificar con claridad los elementos de ansiedad e indiferencia que prevalecen en nuestra época. Esta, creo, es la exigencia fundamental que quienes trabajan en otros campos culturales les imponen a los científicos sociales, y es la razón por la que las ciencias sociales se convierten en el denominador común de la era histórico-cultural de la modernidad, y por la que la imaginación sociológica se convierte en la cualidad mental más esencial para todos nosotros.

 

Acerca del autor.

Escritora

Soy un "Detective de gatos". Ayudo a reunir a los gatos perdidos con sus familias.
Me recargo con un café con leche, disfruto caminar y viajar, y amplío mis pensamientos escribiendo. Observando el mundo con atención y siguiendo mi curiosidad intelectual como bloguera, espero que mis palabras puedan ayudar y consolar a otros.