Esta entrada de blog examina por qué disponer de un espacio para la contemplación es crucial en la sociedad moderna y explora cómo influye positivamente en nuestra creatividad, pensamiento crítico y calidad de vida.
Una era con miedo a la pausa
En esta situación donde poseer información desconocida para los demás se ha convertido en una ventaja competitiva, la inacción se tacha de pereza. Para no quedarnos atrás en un mundo con expectativas estandarizadas —donde se exige asistir a una buena universidad, incorporarse a una buena empresa, ahorrar una cantidad razonable de dinero, casarse en el momento oportuno y comprar una casa cuando llegue el momento— perseguimos sin cesar un flujo interminable de información. En la sociedad moderna, la información es poder y un arma. Su adquisición y utilización se han convertido en factores cruciales para el éxito individual. Dado que la información ha adquirido tal relevancia, sentimos la presión de acumular nuevos conocimientos y datos constantemente.
Si bien aprender infinidad de información es importante, todos sabemos que el descanso es necesario durante este proceso. Sin embargo, en una sociedad donde la inacción se considera pereza, detenerse a pensar y descansar no es fácil. Esto se debe a que nuestra sociedad percibe que, en un entorno competitivo sin fin, no hacer nada significa quedarse atrás. Además, el ritmo vertiginoso del cambio en la sociedad moderna ha privado a las personas del tiempo suficiente para reflexionar y meditar. Ya no temen detenerse, pero carecen de la suficiente consideración por lo que podrían perder si no lo hacen.
El auge de la competición de contemplación
Hace mucho tiempo, el 27 de octubre de 2014, se celebró una competición de contemplación en Seúl, Corea, en la plaza ajardinada frente al Ayuntamiento. En ella ganaba el participante que permaneciera inmóvil durante más tiempo, sin tocar su teléfono móvil, comer ni hablar. Se trataba de una competición para sentarse en silencio y dejar de pensar. Lo que distingue a esta competición de otras es que, a diferencia de las que requieren un intenso esfuerzo mental y físico, enfrenta a los participantes para ver quién puede usar menos su mente y su cuerpo. Este singular evento atrajo mucha atención, y se recibieron numerosas solicitudes para organizarlo, no solo de Seúl, sino de todo el país. Su popularidad incluso se extendió a China. En noviembre del año pasado, se celebró en Chengdu la primera competición de meditación de China, seguida de otra en Shanghái en diciembre. La importancia de estas competiciones va más allá de simplemente fomentar la meditación. La meditación está empezando a ser reconocida como un valor olvidado para la sociedad moderna, una virtud que merece una renovada atención. Se está extendiendo la idea de que el tiempo dedicado a no hacer nada es, en realidad, un elemento necesario en nuestras vidas.
Los beneficios de la contemplación
La investigación científica demuestra que la contemplación no es una pérdida de tiempo, sino que tiene efectos positivos en el cerebro humano. En 2001, Marcus Raichle, neurocientífico de la Universidad de Washington en San Luis, descubrió que existen áreas del cerebro que se activan cuando no estamos haciendo nada. Esta área activada se denomina Red Neuronal en Reposo (RNR) o Red Neuronal por Defecto (RND). Es como si el cerebro tuviera un manual que le permite volver a su configuración predeterminada, de forma similar a como un ordenador se reinicia. Aunque no seamos conscientes de ello, cuando el cerebro está inactivo, se producen otras actividades a través de la red neuronal de la RND. En otras palabras, mientras el cerebro recibe información a través del aprendizaje, la función de organizar esa información se produce cuando se activa la red neuronal de la RND. Además, un equipo de investigación de la Universidad de Tohoku en Japón ha publicado hallazgos que demuestran que cuando se activa la RND, surge la creatividad y mejoran ciertas habilidades de rendimiento. Por lo tanto, la contemplación no es un simple descanso; es un proceso crucial que ayuda a que nuestro cerebro funcione de manera eficiente. Durante este proceso, podemos reflexionar más profundamente y obtener ideas más creativas.
En ese momento de inacción, el mundo cambia
Nuestras vidas están llenas de tareas que requieren solución, y debemos esforzarnos cada vez más para no fracasar. Por eso, nuestro cerebro trabaja sin cesar, pero se agota, dificultando la generación de nuevas ideas. Sin embargo, existen figuras históricas que, por el contrario, pausaron su actividad mental y obtuvieron ideas creativas a través de la contemplación. Picasso creó obras maestras a partir de destellos de imaginación durante momentos de quietud. Si Newton no hubiera meditado bajo aquel manzano en aquella cálida tarde, la ley de la gravitación universal quizá nunca se habría descubierto. Albert Einstein también solía concebir ideas mientras caminaba. Se dice que resolvió complejos problemas matemáticos y obtuvo conocimientos teóricos gracias a estas sesiones de meditación caminando. Así, el poder de la contemplación nos brinda nuevas perspectivas e ideas.
La contemplación fue el telón de fondo del nacimiento de obras e ideas históricas. La contemplación tiene un significado que va más allá de simplemente pausar el pensamiento para que el cerebro descanse. Como se explicó anteriormente, la contemplación activa una red neuronal específica en el cerebro llamada DMN (Red Neuronal por Defecto), que no solo organiza la información, sino que también contribuye al desarrollo de la creatividad humana. Podría argumentarse que cada minuto y segundo es precioso, sin dejar tiempo para la contemplación. Sin embargo, fue precisamente en esos momentos de inacción cuando el curso de la historia mundial cambió en múltiples ocasiones. Además, la contemplación trasciende la reflexión personal y el fomento de la creatividad. Puede ayudarnos a reconsiderar el rumbo que debe tomar nuestra sociedad y, en última instancia, contribuir a la creación de nuevos paradigmas sociales.
La esencia de la contemplación
En medio del ritmo frenético de un mundo que exige estar siempre en movimiento, las ciudades lentas, la gastronomía pausada y la vida pausada se han convertido en temas de gran relevancia. En esta era de rápida revolución digital, también se habla de una revolución analógica, quizás algo inconveniente, pero que pone mayor énfasis en la humanidad. La intención es frenar brevemente el ritmo acelerado de la sociedad y reconsiderar la esencia de la vida. De igual modo, el auge de la contemplación en medio de vidas intensas y ajetreadas probablemente surge del deseo de reflexionar sobre una realidad en la que perseguimos el ritmo y la información del mundo sin dedicar tiempo a nuestros propios pensamientos ni a la introspección. A menudo nos dejamos llevar por la velocidad y la eficiencia modernas, perdiendo de vista lo que realmente importa. Sin embargo, la contemplación nos permite mirar hacia nuestro interior y darnos cuenta de lo que es verdaderamente importante.
En realidad, la contemplación en sí misma no cambia el mundo. Sin embargo, su surgimiento desafía nuestra incesante y constante actividad. Detenerse en la carrera por seguir el ritmo del mundo, tomarse un momento para descansar en silencio: eso es lo que sí cambia el mundo. El tiempo para la contemplación nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre nosotros mismos y buscar un mejor rumbo en la vida. La contemplación no es mero descanso; es un acto vital que enriquece la vida y le da profundidad.